Las tres niñas salieron en
fila del salón, uniformadas. A la cabeza, Reinalda portaba el estandarte. Le
seguía Albertina. El profesor encendió la radio a pilas y el himno nacional se
dejó escuchar en la fría cordillera. Pierna en alto, desfilaron por la calle sin
asfaltar de la escuelita de adobe. «Maestro, ¿puedo llevar la bandera el año que
viene?» Preguntó Justina cuando terminaron. El profesor tenía la mirada colgada
en el horizonte, mientras desde el pueblo le llegaba el eco de las
ametralladoras. «Sí», contestó, «el año que viene».
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