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Mostrando las entradas etiquetadas como Ensayo

Platón y la teoría de los anillos

En un despliegue ejemplar de lógica formal, Platón evidencia en el Ión su concepción crítica de la poesía. Utiliza para ello la figura del rapsoda — un pregonero o declamador de los grandes poemas épicos— quien, al encuentro con el mismo Sócrates, entabla un diálogo ficticio que en el fondo esconde una posición marcada sobre las artes y las ciencias. ¿Cuál era la intención del autor en contraponer a ambos personajes? Sin duda, porque cada uno encarnaba a los máximos representantes de las disciplinas que entraban en conflicto: la filosofía y lo que para Platón significaba la poesía.  Tras halagar a Ión por haber ocupado el primer puesto en un concurso de rapsodas, el personaje de Sócrates le formula una sencilla pero engañosa petición: «…solo quiero que me digas si tu habilidad se limita a la inteligencia de Homero o si se extiende igualmente a la de Hesíodo y Arquíloco». Ante cuya decepcionante respuesta, el ateniense sentencia: «Es evidente, que tú no eres capaz de hablar sobre H...

La libertad y el arte. Algunas notas sobre los manifiestos vanguardistas

  Releyendo los manifiestos artísticos surgidos en las primeras décadas del siglo XX, me preguntaba acerca de las claves —sociales o literarias— que motivaron estos enérgicos pronunciamientos. Tanto en el  Manifiesto del Futurismo (1909) de Filippo Tommaso Marinetti como en los Manifiestos del surrealismo (1924 y 1930) de André Breton, se pone de relieve no tanto la obra poética como la acción poética («No hay belleza sino en la lucha», indica Marinetti). Es en el hacer del hombre donde anida la condición del nuevo artista, una especie de actitud vital más importante aún que la técnica o la palabra. El dadaísmo, años más tarde, reciclaría estas agitadoras ideas para llevar a cabo su ruptura con la tradición racionalista. Para el futurismo y el surrealismo, tal acción no es exclusiva de unos pocos iluminados ni de una clase privilegiada. De ahí que este tipo de proclamas tengan ese claro sello imperativo («¡Alzar la cabeza!... ¡Enhiestos sobre la cima del mundo, nosotros lan...

El Perú es un mito

 El Perú es un mito. Ese viejo sueño republicano terminó siendo poco más que una farsa. Una que nos contaban de niños en las clases de Historia o de Educación Cívica, cuando, ordenados, salíamos a la formación y soportábamos el sol como un castigo y levantábamos la punta del pie hasta lo más alto cada 28 de julio y cantábamos el himno casi mecánicamente y creíamos, en el fondo, que el Perú era eso o algo más que eso. Solo más adelante, comprendimos que esa torpe idea de nación abarcaba más allá de sus confines, que nos atravesaba como una lanza cada cierto tiempo, que nos vendía caras promesas y nos demostraba una y otra vez, sin piedad, que siempre se puede caer más hondo. No, no somos una república. A lo más, una enorme aglomeración de personas con vínculos comunes, imperecederos lazos de afecto y cinco o seis lugares entrañables.  En el año del bicentenario, el país de las no-oportunidades es, de nuevo, el lugar de las oportunidades perdidas.   Hay algo fallido en...