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Platón y la teoría de los anillos

En un despliegue ejemplar de lógica formal, Platón evidencia en el Ión su concepción crítica de la poesía. Utiliza para ello la figura del rapsoda — un pregonero o declamador de los grandes poemas épicos— quien, al encuentro con el mismo Sócrates, entabla un diálogo ficticio que en el fondo esconde una posición marcada sobre las artes y las ciencias. ¿Cuál era la intención del autor en contraponer a ambos personajes? Sin duda, porque cada uno encarnaba a los máximos representantes de las disciplinas que entraban en conflicto: la filosofía y lo que para Platón significaba la poesía. 
Tras halagar a Ión por haber ocupado el primer puesto en un concurso de rapsodas, el personaje de Sócrates le formula una sencilla pero engañosa petición: «…solo quiero que me digas si tu habilidad se limita a la inteligencia de Homero o si se extiende igualmente a la de Hesíodo y Arquíloco». Ante cuya decepcionante respuesta, el ateniense sentencia: «Es evidente, que tú no eres capaz de hablar sobre Homero, ni por el arte ni por la ciencia». A partir de ese momento, Sócrates conduce de la mano a Ión, paso a paso, premisa tras premisa, hasta hacerlo tropezar en su propia contradicción y obligarlo a admitir que no es al arte y a la ciencia a quien debe su habilidad sino a la inspiración divina. 
El diálogo es una demostración inquietante y reflexiva, a la vez que una provocación para las mentes creadoras. Según la obra, el poeta recibe directamente de la deidad o la musa la inspiración poiética, la cual se va propagando a manera de anillos a través del rapsoda, los maestros de capilla, los coristas, hasta llegar a los espectadores (fig. 1). Todos embelesados por el furor que se irradia desde el núcleo del entusiasmo supremo.  

Fig. 1: Teoría de los anillos en la poesía. Fuente: Elaboración propia


La teoría de los anillos de Platón explica no solo la imposibilidad del poeta o del rapsoda para acceder al conocimiento de otros poetas (fig. 2), sino que, además, establece las relaciones que, a modo de radios de acción y sin llegar a tocarse, existen entre los diversos actores de cualquier sociedad civilizada (fig. 3).

Fig. 2

Fig. 2: Radio de acción del poeta con respecto a otros poetas. Fuente: Elaboración propia



Fig. 3: Radios de acción de los individuos de una polis. Fuente: Elaboración propia


Aunque acerado en apariencia, el Ión no solo nos revela el pensamiento de uno de los mayores filósofos de la antigüedad clásica, sino, sobre todo, la perfección dialéctica de un sistema de razonamiento eficaz y coherente y un camino llano para transitar en busca de la solidez de las ideas.

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