Yo sabía que el algoritmo conocía tus preferencias: lo que lees, lo que comes, tus gustos musicales. Pero esto es demasiado. Tan solo había pasado frente a una tienda y admirado unas botas de montar, cuando minutos después recibo en el celular una promoción de calzado campestre. Saliendo de la oficina, se me averió el coche y, al llegar a casa, me telefonean para ofrecerme un auto nuevo. A pocos días de mi aniversario con Natalia, mi correo estaba lleno de publicidad de viajes a lugares que ella amaba en secreto. Una noche soñé que moría accidentado y al despertar me encuentro con un anuncio de seguros de vida. Lo primero que vi cuando supe que mi mujer me engañaba, fue un aviso de pistolas con silenciador. Hundido en la cárcel, pensé en librarme de esta persecución de pesadilla. Hace poco he recibido un folleto con servicio de abogados.
EL VESTIDO DE ELISA Para L. Apenas Braulio se mudó a la casa, empezó a escuchar los ruidos. Al principio eran golpes secos, como puños contra una superficie de madera. A veces, mientras conciliaba el sueño, oía pisadas inquietas al otro lado de la habitación. Más adelante, los sonidos cesaron y surgieron escurridizas sombras cruzando el corredor o la presencia invisible pero certera de unos ojos que lo observaban a sus espaldas. Así hasta que una buena noche se dirigió a la cocina para devolver una taza sucia y vio una silueta translúcida frente al lavaplatos. Fue así como conoció a Elisa. Después del susto inicial y las preguntas de rigor en esta clase de encuentros espectrales ⸺«¿quién eres?» «¿qué haces aquí?»⸺ entablaron una conversación que se dilató hasta que en las calles ya no se escuchó ninguna bocina, solo el cricrí de los grillos y el maullido de una gata en celo. Casi de inmediato, se tendió entre ambos una complicidad tan franca que parecí...
Comentarios
Publicar un comentario