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Los comicios

Muerto el león, los animales se volcaron a elegir a su nuevo soberano. Necesitamos alguien más honesto, gritaron al unísono. Se presentó el flamenco, pero fue vapuleado debido a su corta inteligencia. En su lugar propusieron al mono. Es demasiado astuto, dijeron, nos puede timar. Así, rechazaron el solipsismo del oso, la indiscreción del papagayo, la soberbia del halcón, la voracidad del ñandú. Al fin encontraron a alguien impoluto. El elefante surgió entre la muchedumbre como una opción conciliadora. Pero fue descartado al recordarle que de joven había pisado una hormiga. Y cuando llegó el turno del cocodrilo, a nadie le importó lo ladrón, impío, arrogante, vulgar y carnívoro. Alzándolo en hombros, fue llevado hacia el trono, mientras le cantaban ¡viva nuestro rey! y de sus fauces iba chorreando un hilito de baba. 

Carnicería

Cada vez que salía de la oficina, caminaba al paradero, trepaba al bus, sentía que una parte suya se perdía. Al principio era un brazo, una oreja. Luego seguían los riñones, el páncreas, las gónadas y demás glándulas vitales. Para cuando llegaba a casa y abría la puerta, solo quedaba un cuerpo tibio e irreconocible, la cara de espanto de la mujer y un largo reguero de órganos detrás, que había que recoger al día siguiente, uno a uno, para volver al trabajo con un mínimo de decencia. 

Game over

Abrió la caja rápidamente y sus ojos centellaron de júbilo. Cuarenta años había pasado desde la última ocasión que tuvo uno similar en sus manos. Mientras conectaba con impaciencia los cables de la consola en el flamante televisor, recordó sus peripecias de niño. La primera vez que jugó en casa de un amigo, las veces que robó dinero del saco de su padre para ir a una cabina, todas las navidades que suplicó para que le dieran uno de regalo. La pobreza era una herida morosa. Ahora, en plena madurez, podía concederse esta clase de artilugios. A la primera partida sintió los destellos de vivos colores golpeándole la cara. A la segunda, el hechizo fue menor. En la siguiente, sintió como un mordisco a un costado del corazón. Dejó el mando sobre la mesa y comprendió que ya nada podía salvarlo.

Platón y la teoría de los anillos

En un despliegue ejemplar de lógica formal, Platón evidencia en el Ión su concepción crítica de la poesía. Utiliza para ello la figura del rapsoda — un pregonero o declamador de los grandes poemas épicos— quien, al encuentro con el mismo Sócrates, entabla un diálogo ficticio que en el fondo esconde una posición marcada sobre las artes y las ciencias. ¿Cuál era la intención del autor en contraponer a ambos personajes? Sin duda, porque cada uno encarnaba a los máximos representantes de las disciplinas que entraban en conflicto: la filosofía y lo que para Platón significaba la poesía.  Tras halagar a Ión por haber ocupado el primer puesto en un concurso de rapsodas, el personaje de Sócrates le formula una sencilla pero engañosa petición: «…solo quiero que me digas si tu habilidad se limita a la inteligencia de Homero o si se extiende igualmente a la de Hesíodo y Arquíloco». Ante cuya decepcionante respuesta, el ateniense sentencia: «Es evidente, que tú no eres capaz de hablar sobre H...

Decálogo del cuentista

1. No deseches el primer borrador. A medida que el cuento se perfecciona, se suele extraviar el aliento vital que dio origen al relato. No pocas luces se encuentran en la relectura de aquel lejano manuscrito. 2. Para toda idea inexpresada hay una palabra precisa, una que revela mejor que ninguna toda la dimensión, el color y la forma de lo que se quiere decir. El mérito del cuentista es encontrar esas palabras y saber emplearlas en el lugar indicado. 3. Buscar la belleza de las palabras cortas: té, más, sol, pan, voz, tren. Entre ‘intempestivamente’ e ‘inopinadamente’, elegir ‘de golpe’. 4. El arranque (ideal) del cuento debe aportar dirección y fuerza. No como un cohete que asciende de manera abrupta hacia el firmamento, sino como un jet que toma impulso sobre la pista, de manera horizontal, cada vez más rápida, con un rumbo fijo que a la postre trazará la línea misma del relato. 5. Un cuento logrado es como una pieza musical. Leerlo en voz alta todas las veces que sea necesario ayuda...