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Entradas

El cadáver

Sin familiares que lo reclamen, el cuerpo estuvo rebotando de un ministerio a otro, hasta regresar a la morgue. Solo aguantó ahí unos días. Los forenses se rehusaban a trabajar mientras permaneciera con ellos el execrable difunto. Ningún camposanto aceptó enterrarlo. El gobierno se vio en aprietos. Pensaron cremarlo y echar las cenizas al océano, pero temieron que contaminara por siglos la fauna marina. Por último, decidieron lanzarlo al espacio sideral. Nerviosos por la delicada misión, la impericia de los astronautas propició una fallida maniobra en el aire. Una explosión en las turbinas, seguida de una lluvia de polvo negro bañando sus rostros, les recordó para siempre la monstruosidad que habían engendrado.

Breaking news

Durante la pausa, el presentador hizo el anuncio. A partir de mañana, dijo, los relojes de todo el mundo se detendrán. No tenía sentido, además, persistir en algún tipo de orden, dadas las circunstancias actuales. Luego se cortó la transmisión y el plató quedó también envuelto en sombras.   

28 de julio

Las tres niñas salieron en fila del salón, uniformadas. A la cabeza, Reinalda portaba el estandarte. Le seguía Albertina. El profesor encendió la radio a pilas y el himno nacional se dejó escuchar en la fría cordillera. Pierna en alto, desfilaron por la calle sin asfaltar de la escuelita de adobe. «Maestro, ¿puedo llevar la bandera el año que viene?» Preguntó Justina cuando terminaron. El profesor tenía la mirada colgada en el horizonte, mientras desde el pueblo le llegaba el eco de las ametralladoras. «Sí», contestó, «el año que viene».  

Apariciones S.A.

Desde el día que invocamos al fantasma de Aristóteles, las sesiones han sido un éxito. Los salones se llenan con facilidad y no nos damos abasto para atender a tanta gente. A diario nos llega correspondencia de todos los países. Piden hablar con Marx, Galileo, Descartes, Napoleón o Jesucristo. Con gozo aterrador hemos conocido sus testimonios de ultratumba. Sin embargo, nuestra tarea no es un campo de flores. Como desertores, venimos huyendo de la policía. Debido a las frecuentes emboscadas, nos vemos obligados a reunirnos en lugares clandestinos, a horas imposibles; juzgados, perseguidos, acusados de subvertir la verdad del mundo.

El Tour Inolvidable

La última banda de rock del mundo anunció su gira de despedida. Comenzarían tocando en Ámsterdam, su ciudad natal, luego viajarían por Europa, Asia, Estados Unidos, y, para asombro de sus fans, cerrarían su extensa y vibrante carrera en Latinoamérica. A lo largo de un año feroz, la energía en el escenario no descendió un ápice. Al contrario, la presentación en Río y Buenos Aires dejó ver sorpresivas llamaradas, saltos acrobáticos e himnos legendarios junto a artistas de lujo. Incluso, en la rueda de prensa, adelantaron que para el concierto final en Lima tenían preparado «algo inolvidable». Nadie notó la carga detrás de ese mensaje sutil. Tampoco nadie esperó que, en el instante del cierre, las luces se apagaran de pronto y, al encenderse, el público quedara paralizado ante el atroz espectáculo. Entre el humo y el caos, no fue fácil distinguir los cuerpos inmolados y colgantes, como un grito fatal y esperanzador de que el rock, en efecto, moría con ellos. 

Bienaventuranza

¿Cómo harán los otros para vivir  en esta elástica reclusión  sin un dolor bajo el bazo? ¿no les pesa acaso los hombros el cuello  de tanto sostener  los delirios cada noche? ¿no les estalla el aire en los pulmones cuando se asoman a la ventana? Cuando caminan calle abajo ¿no sienten acaso un frío  mordiéndoles las piernas? ¿Cómo harán para despertar cada día abrir los ojos  ser el mismo y no sentir que han caído  en un sueño más profundo? Bienaventurados los sedientos los que apagan su fe con gárgaras de infinito. 

El algoritmo

Yo sabía que el algoritmo conocía tus preferencias: lo que lees, lo que comes, tus gustos musicales. Pero esto es demasiado. Tan solo había pasado frente a una tienda y admirado unas botas de montar, cuando minutos después recibo en el celular una promoción de calzado campestre. Saliendo de la oficina, se me averió el coche y, al llegar a casa, me telefonean para ofrecerme un auto nuevo. A pocos días de mi aniversario con Natalia, mi correo estaba lleno de publicidad de viajes a lugares que ella amaba en secreto. Una noche soñé que moría accidentado y al despertar me encuentro con un anuncio de seguros de vida. Lo primero que vi cuando supe que mi mujer me engañaba, fue un aviso de pistolas con silenciador. Hundido en la cárcel, pensé en librarme de esta persecución de pesadilla. Hace poco he recibido un folleto con servicio de abogados.